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para el fin del sexenio.

jueves, 22 de julio de 2010

Perspectivas del periodismo televisivo frente a los medios emergentes

Viridiana Quintero


Los medios de comunicación tienen diferentes funciones dentro de la sociedad que los genera. Sin duda alguna la principal es informar objetivamente los acontecimientos del entorno social. Vista desde un punto de vista teórico, la labor periodística se simplifica entendiéndola como un vínculo entre el entorno público y el privado, sin embargo, en la actualidad los medios de comunicación en México, específicamente la televisión, se enfrentan a nuevos retos ante una imperante falta de credibilidad generada por la inestabilidad política y social.


Desde su aparición, la televisión ha sido modeladora de la realidad, plataforma pública que abandera la fiel representación de lo cotidiano, proyecta, analiza e interpreta. Su alcance territorial e inmediatez la hacen omnipresente y también peligrosa.

“La televisión es la fuente más importante de información, entretenimiento y cultura para millones de mexicanos; generadora y reproductora de valores, expectativas, ilusiones y, sobre todo, de imagen y credibilidad para los políticos instalados en la era del espectáculo y la popularidad”.1


En materia de periodismo la televisión mexicana aligera su contenido y apuesta por el llamado infoentretenimiento. Banaliza la noticia y codifica la información obedeciendo a estrategias de mercado más que a su labor periodística.

En nuestro país la televisión abierta está conformada por un duopolio televisivo que trabaja por dos intereses complementarios: intereses comerciales e intereses políticos. Los intereses comerciales, buscan poder económico y acarrean como consecuencia pobreza cultural y social. Los intereses políticos provocan autocensura e intervienen en el establecimiento de la agenda pública.



Ante éste escenario una parte de la audiencia mexicana, principalmente quienes tienen acceso a otros medios informativos, muestran desinterés a la información que la televisión abierta emite. La otra parte, son ciudadanos que no cuentan con otros medios informativos ya sea por situaciones económicas, culturales o educativas; y admiten como cierto todo aquello que les presenta la pantalla.

La televisión mexicana no equilibra su contenido. La programación noticiosa es mínima y apenas se distingue del espectáculo

Sin embargo, debemos identificar a la televisión como un medio extraordinario que puede transformarse para cumplir eficazmente su labor periodística y desarrollar contenidos que interesen a todo tipo de televidentes.

El principal reto del periodismo televisivo es hacer frente a la incredulidad y cubrir las necesidades informativas de las nuevas generaciones. Cada vez es mayor el número de personas que utilizan las nuevas tecnologías y los medios emergentes como el periodismo digital. Este tipo de público busca información oportuna y no se conforma con la inmediatez y la cobertura de temas aislados sin trascendencia social.

Los medios masivos tienen como principal responsabilidad difundir la cultura popular y hegemónica de una sociedad. En este sentido, los medios alternativos representan un espacio plural e independiente que se revela como la nueva forma de hacer periodismo. La televisión debe apostar por contenidos dinámicos que compitan con la participación y apertura social lograda por los medios emergentes.

Una sociedad en desarrollo necesita una televisión pública que apele por la culturización de contenidos, investigación periodística y pluralidad de ideologías. El futuro del periodismo televisivo está en manos de los concesionarios y de la regulación de medios electrónicos. De ello dependerá el papel que juegue la televisión frente a las nuevas prácticas comunicativas; posibilitar un periodismo independiente y objetivo o sacrificar la calidad informativa y la ética periodística por intereses comerciales y políticos.







1 Villamil, Jenaro, La Televisión que nos gobierna, México, 2005, Grijalbo, pág. 9





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